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Agustina

Mi nombre es Agustina y tengo 39 años. Mi historia arranca en la segunda mitad del 2017 cuando la diagnostican y operan a mi mamá de un cáncer de mama. Le sacaron el tumor, hizo rayos y ahora sigue con pastillas haciendo su vida casi como si nada hubiera pasado. A mediados de 2018 tocó mi control anual y con éste antecedente me hicieron una mamografía. El resultado sugería biopsia. Así que me fui a ver a la doc de mi ma, la Dra Allemand quien tras biopsia por aquí, estudios por allá y una nueva biopsia llegó al diagnóstico. No tenía miedo. En mi cabeza era onda: "listo me sacan el tumor, y ya está. En menos de un mes estoy de vuelta al ruedo!" En la consulta donde decidimos cómo iba a ser la cirugía, agradecí profundamente haber estado acompañada de mi amiga Juli. En un momento dejé de escuchar porque empecé a preocuparme por giladas importantes como si la prepaga me cubría todo eso de lo que estaban hablando (mastectomía, reconstrucción, expansor, protesis, KE?!), cuánto tiempo iba a tardar en recuperarme para volver a trabajar, qué hacía con mi hijo, todo. Después me calmé (ponele). Entendí siempre que la enfermedad estaba en un estadío inicial y que de eso no iba (ni me voy) a morir, pero me generó bastante ansiedad pensar en el proceso. Finalmente la cirugía fue en enero de este año. Ahora estoy haciendo una quimio adyuvante. Son 4 sesiones y ya voy por la mitad. Después de eso, se viene la segunda parte de la reconstrucción a cargo del Dr Loustau que me va a dejar hecha una obra de arte 💃. Y entiendo que luego seguiremos charlando con mi oncóloga, la Dra Riggi, sobre cómo sigue el tratamiento. Además de la consulta que tendré mas adelante por Asesoramiento Genético. A diferencia de otras personas, al no haberme sentido de cara con la muerte no tuve, por este tema, grandes revelaciones sobre mi vida (todavía estoy a tiempo igual 😜) Pero sí sé que es fundamental la actitud con la que lo estoy llevando. Éso, sumado a la contención de todo el equipo que me atiende y la seguridad de que estoy en buenas manos. Y, obviamente, el apoyo y ayuda de mi familia, amigos y mis compañeras de trabajo que me han bancado cada ataque de ansiedad. Creo que estas cosas son fundamentales a la hora de atravesar todo esto, en el estadío que se encuentre la enfermedad y con el tratamiento que toque. Y aprovecho para agradecer a esta Fundación que, entre otras cosas, hace que nos conozcamos y que a pesar de estar re acompañadas por seres queridos y un buen equipo médico, nos ayuda (por lo menos a mi) a saber que a otra también le pasó y sobrevivió la enfermedad y al proceso de cura e, inclusive, a algunas les cambió la vida para mejor! Muchas de sus historias me ayudaron a calmar la maldita ansiedad. ❤️



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